En estos tiempos de crisis hay que aprovechar la oportunidad para reinventarnos ¿no os parece?
¡Feliz Año Nuevo!
En el momento mismo en el que creas una obra (artículo, canción, película, fotografía, etc.) se originan los derechos de autor. Esa obra es tuya y es tu derecho indicar cómo quieres que los demás la utilicen. Para eso existen las licencias de uso.
Primero un poquito de historia
Hasta hace unos año, las únicas licencias de uso que existían eran el copyright, que equivale a “todos los derechos reservados”, es decir, que no permites que nadie utilice tu obra de ninguna manera, o bien, el “dominio público”, lo que significa que cualquiera puede hacer cualquier cosa con tu obra. Al parecer, si no marcabas tu obra con el copyright, directamente se consideraba de dominio público. No existía un término medio.
Buscando alternativas al copyright, en 2001 se funda la corporación americana Creative Commons (CC), y en 2002 lanza sus primeras licencias, inspiradas en parte en la Licencia Pública General de GNU (GNU GPL) de la Free Software Foundation.
Tradicionalmente, el agua para preparar el biberón se hervía para eliminar los microorganismos potencialmente dañinos presentes en el agua del grifo. Posteriormente, con la mejora de la calidad sanitaria de este agua, o bien porque las madres han preferido utilizar agua embotellada, éste hábito está desapareciendo.
Pero lo que no saben muchas madres es que la medida de hervir el agua no sólo se realiza para eliminar los microorganismos de ésta, sino también para eliminar los que puedan estar presentes en la leche en polvo. Porque recordemos que la leche artificial no es estéril.




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